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21 de febrero de 2012

Testimonio de María, 1972

Me llamo María y soy de León, un 22 de marzo de 1972 salí de mi ciudad acompañada por una Auxiliadora Social (precursoras de las asistentes sociales…)  del Patronato de Protección a la Mujer, estaba embarazada de 5 meses y después de siete horas de viaje en autobús  llegamos a Madrid, para ingresar en la residencia de Peña Grande.

Allí nos recibe una monja pequeñita y con cara de pocos amigos, comienza a olerme como un perro de presa y me ladra ” tu fumas”, yo muy asustada logro decirle que no, menos mal que le di pena a mi acompañante y le aclara que habíamos viajado en autobús, que  los pasajeros fumaron pero yo no. A continuación me metió en una sala donde había unas 25 mujeres embarazadas sentadas alrededor de mesas redondas en pequeños grupos. Cuando le pedí por favor si podía ir a la habitación que me habían asignado, me volvió a ladrar alto para que todas escucharan “aquí papa no paga, no estás en el colegio de León donde si lo hacía, así que siéntate y calla”,  al cabo de un tiempo le di pena y ordenó a otra chica que me acompañara, una vez a solas la otra chica me preguntó ¿cuántos años tienes? yo le respondí 17 y me dice “de aquí no sales hasta que tengas 25 años, que es la mayoría de edad de las mujeres como nosotras para el Patronato”, en ese instante desee con toda mi alma morirme. Este fue mi primer día en Peña Grande, allí permanecí hasta el 21 de diciembre del 1972.

Cumplí  condena durante nueve meses en régimen cerrado y en la cuarta. A los tres meses (gracias a mi madre)  una amiga suya podía  visitarme una vez al mes. Rezábamos mucho: misa, rosario, oraciones,  jaculatorias…

Utilizaban las misas de los domingos para vendernos en el mercado del matrimonio como mercancía defectuosa. La asistencia médica nula total, no teníamos derecho a la salud ni nosotras ni nuestros hijos e hijas. La formación para el parto, nociones de nutrición, higiene infantil etc etc, ¿qué es eso? Intentaron y casi  logran inculcarme una maternidad  sucia, culpable y  negra muy negra, como mujer era un objeto devaluado que no tenía derecho a ser tratada con respeto. Esto marcó mi vida de tal manera que me propuse criar a mi hijo sola y que se me respetaría por ser madre soltera, nunca me casaría ni viviría en pareja mientras mi hijo dependiera de mi, el y yo éramos una familia. En 1984 fundé la Asociación de Madres Solteras Isadora Duncan con el fin de reivindicar nuestro derecho de ser madres solteras y ayudar a otras para que no tuvieran que vivir lo mismo que yo.